jueves, 24 de marzo de 2011

Memoria e identidad en la lucha contra el olvido

En una fecha tan importante como hoy, para los argentinos, a 35 años del golpe cívico-militar de 1976, compartimos las reflexiones de Luis Lugones.

Memoria e identidad en la lucha contra el olvido. Luis Lugones

   El 24 de Marzo se recuerda el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia porque en esta fecha se conmemora a las víctimas provocadas por la dictadura cívico-militar que se apoderó de nuestro país desde 1976 a 1983.
   Se cumplen 35 años del golpe de Estado que instauró al autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional, mediante el cual se destituyó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón y asumió el poder la Junta de Comandantes integrada por el Teniente Gral. Jorge Rafael Videla, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti.
   En este periodo los militares implementaron el terrorismo ideológico y utilizaron las armas que el Estado les confió para su defensa, en contra del pueblo. Este fue el marco que hizo posible la aplicación del terrorismo económico a cargo de José Martínez de Hoz, agente del liberalismo económico ortodoxo, relacionado con los organismos financieros internacionales, quien aplicó un plan destinado a terminar con el Estado intervencionista y con la protección del mercado. Fue el responsable de la formación de la deuda externa, que se duplicó al igual la deuda privada. El resultado de esta política económica fue que la deuda privada se estatizó, restringiendo el poder de regulación del propio Estado.
   El orden se impuso mediante la represión indiscriminada sobre la sociedad civil con el fin de desactivar su participación, de este modo quedó indefensa ante tanta barbarie nunca aplicada en el país. Por eso el 24 de marzo de 1976 fue el comienzo de uno de los periodos más cruentos, donde el régimen de terror imperante provocó la privación ilegal de la libertad de miles de estudiantes, de militantes políticos y sociales, de obreros en fábricas y empresas, de docentes y profesionales, intelectuales, religiosos y periodistas. Los que pudieron optaron por el exilio, la mayoría se quedó sin poder reaccionar ante las masivas detenciones y secuestros, que luego se supo eran desapariciones, violaciones, apropiaciones de bebes nacidos en cautiverio y el robo sistemático de bienes muebles  e inmuebles.
   Ante el horror varias voces denunciaron el genocidio, entre ellos Rodolfo Walsh quien en la Carta Abierta a la Junta Militar , al cumplirse el primer año de la dictadura expresó: “Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese ‘ser nacional’ que ustedes invocan tan a menudo”. Por ese entonces el escritor y periodista ya aportó una cifra escalofriante: “Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror” .
   Las organizaciones de derechos humanos continuaron la lucha en contra del régimen militar, a partir de 1977 las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo exigieron la devolución con vida de sus hijos y buscaron la identidad expropiada de sus nietos, después los H.I.J.O.S. investigaron sobre el destino final de sus padres.
   La represión ilegal fue la más sangrienta que vivió la Argentina, los desaparecidos  según los organismos de derechos humanos son más de 30.000, en tanto la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas constató 8.960 casos, de los cuales 900 pertenecen a la región de La Plata que, para Catela Da Silva “Con la actualización de estas listas, las organizaciones de derechos humanos afirman que la cifra llega a 2000 desaparecidos, de los cuales aproximadamente 800 serían estudiantes y 900 obreros. De estos, 82% tenían menos de 30 años en el momento del secuestro y, del total de los casos denunciados, 67% de los detenidos eran hombres.
   Nuestra zona fue una de las áreas a nivel nacional donde se registró un número superior de desapariciones forzadas, esencialmente de jóvenes, que por lo general transitaron el siniestro “Circuito Camps”. La proporción de estudiantes universitarios detenidos-desaparecidos “adquiere en esta zona el 38,6% (considerando sólo estudiantes universitarios que no trabajaban) y llegó un poco más del 40% si se toman en cuenta los que también eran asalariados” según constató Maneiro . La autora apuntó que “Estos aniquilados son mayoritariamente jóvenes menores de 30 años (94,5%) y se distribuyen genéricamente en forma bastante similar al conjunto de detenidos desaparecidos de la zona: el 65% son varones y el 34,7 mujeres” Maneiro.
   Muchos de ellos pasaron por alguno de los 340 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio distribuidos por todo el país como la ESMA, el Vesubio, El Garage Olimpo, El Pozo de Banfield, La Perla, entre otros, mientras tanto en La Plata funcionaron en Arana (el Destacamento y el Pozo de Arana y la estancia “La Armonia”), La Cacha, la Brigada de Investigaciones, las Comisarías 1ra., 2da., 5ta. y 8va., la Guardia de Infantería de Seguridad de la Policía de Buenos Aires y el  Batallón 101.
   Durante estos 35 años la memoria como construcción colectiva se transformó en un ejercicio permanente para recobrar la historia robada de cada desaparecido, rescatar su nombre del olvido, recuperar su cuerpo negado por la barbarie y recordar su voz que intentaron callar. Porque ellos son una herida abierta en la historia reciente, por eso visibilizar el cuerpo de cada persona que alguna vez existió y luchó por una sociedad sin exclusiones, es ineludible para mantener viva su identidad y para poder pensar el futuro.
   En este contexto es inevitable destacar el trabajo efectuado por el Equipo Argentino de Antropología Forense que permitió la identificación de 127 personas víctimas de desapariciones forzadas entre 1974 y 1983 a nivel nacional, de las cuales 114 corresponden a residentes de la provincia de Buenos Aires. Como así también volver la mirada sobre el valor histórico de los Juicios por la Memoria, Verdad y Justicia que se llevan a cabo en La Plata, como ocurre en todo el país, para poder seguir la huella de la infamia, desentrañar el mecanismo criminal aplicado por la dictadura y condenar a los culpables por los crímenes de lesa humanidad cometidos.

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